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CARRUSEL: Las contradicciones de AMLO y cómo sacar a los indígenas de la miseria

Los yaquis: visionarios con sus cobros


Las contradicciones de AMLO y cómo sacar a los indígenas de la miseria

Desde Hermosillo, un lector se reporta a propósito de nuestra columna “El apapacho a criminales, carta abierta a la impunidad” y medio serio-medio en broma aborda los mismos temas y hasta aporta sugerencias para que este país y este estado caminen mejor, sobre todo buscando sacarle raja y verdadero beneficio social a la corrupción y la impunidad.
Aquí le va tal cual, estimado lector:
“No puedo menos que estar de acuerdo con sus comentarios sobre el hecho de que en este país les ha ido mejor y por lo visto les seguirá yendo mejor a los delincuentes que a la gente que se soba el lomo trabajando para mal comer y medio vivir.
Ahora el que sorprenden robando (como los huachicoleros) o sus familiares son candidatos a recibir todo el apoyo del gobierno, o como bien lo dice usted en el caso de los maestros de la CNTE en Michoacán, el mensaje que manda López Obrador es que a su gobierno hay que gritarle cerrando calles y bloqueando trenes para sacarle dinero, no importa que se viole la ley.
Sin embargo y para ser justos sería bueno que el señor presidente ordenara a los gobernadores, presidentes municipales, jueces, ministerios públicos y policías que actuaran igual para beneficiarnos todos de la manga ancha que está ofreciendo, porque en México él dice una cosa y en los estados y municipios dicen y hacen otra, dizque en nombre de la ley, quizá porque no saben interpretarla tan bondadosamente como lo hace él.
Botones de muestra hay muchos y casi todos se le cargan a los pobres que él tanto defiende, empezando porque si no se pagan el recibo de luz o agua a tiempo (porque a veces mucha gente no tiene con qué) las cortan sin averiguar nada, si un patrullero ve que al carro que traemos le falta una luz de inmediato te multa y si no traes licencia o la tienes vencida, es capaz de quitártelo.
Ni se diga si al chofer le detectan aliento alcohólico, porque hasta de médico legista la hacen y por sus pistolas diagnostican que andas ahogado y no te libras de una multa que no baja de 7 mil pesos, de plano criminal.
Estos simples ejemplos caseros y lo que vemos que sucede en el sur del país nos hacen pensar que el señor presidente se está quedando corto en su apoyo a los marginados y reprimidos, porque entonces de alguna manera y en determinadas circunstancias que ninguna autoridad averigua todos lo somos, no nada más los huachicoleros.
Me llama la atención que casi siempre en sus discursos se refiere a los más amolados como “el pueblo”, o “los abandonados por el gobierno”, pero para que las cosas fueran parejas haría bien en ordenar que alguno de sus asesores le hiciera una especie de “pobretómetro” que ubicara a cada quien en su nivel a la hora de reclamar y recibir apoyos del gobierno.
Por ejemplo, en un censo podrían preguntarle a uno:
1.- ¿Es usted huachicolero o está esperando la oportunidad de serlo?
2.- ¿Es de la CNTE o de perdida quiere que lo inviten a sus alborotos para bloquear calles, trenes, alcaldías y en un descuido tomar el palacio nacional?
3.- Debido a la ruina, ¿ha robado, secuestrado, vendido droga o la ha hecho de “burrero” o “pollero” en la frontera, o por lo menos siente unas ganas locas de hacerlo para salir de apuros?
4.- ¿Pertenece a alguna tribu (la que sea) y siente que ningún gobierno le ha cumplido, aunque usted se la lleve tirado en un catre empinando el codo y tampoco haga nada para superarse y espera todo del gobierno?
Esos sujetos, en mi humilde opinión y por lo que estamos viendo en el sur, serían candidatos naturales a recibir las becas y los apoyos que tan generosamente anda repartiendo don Andrés, pero creo que antes y para que no le tomen el pelo podría crear alguna dependencia que se encargue especialmente de diferenciar entre necesitados y pillos convenencieros.
Se me ocurre que podría ser por ejemplo la SAPO, Secretaría para la Acreditación de Pobres, donde decidan si uno califica o no en las categorías de “pobre”, “pueblo”, “marginado”, “hijo de los pueblos originarios” o de plano “lépero aprovechado”, lo que le ayudaría al señor presidente  a optimizar los recursos públicos y que no se los embolse cualquier bandolero disfrazado de necesitado. ¿Que no?
A propósito de las tribus o pueblos originarios, acá en el sur del estado los yaquis fueron más visionarios que sus iguales del sur y tienen rato ordeñando a quienes circulamos por la carretera de 4 carriles en su territorio, antes atravesando una piola y a últimas fechas construyendo hasta su propia caseta, también sin que ninguna autoridad intervenga.
Hay que reconocerles su iniciativa porque ya buscaron la forma de allegarse recursos sin depender ni de su esfuerzo ni del gobierno (pero sí de quienes circulamos por allí), pero en alguna vuelta que se dé por el estado haría bien López Obrador en darles su aval e incluso implantar esa idea en el sur del país, para auxiliar a los pueblos originarios.
Aquí la Gobernadora podría proponer que la caseta o la piola fueran rotadas como concesión (por decir algo cada mes) entre yaquis, mayos, guarijíos, seris, pápagos, etc., para que la ordeña de automovilistas fuera pareja, ¡qué chulada! Podrían salir de pobres sin que el gobierno les diera recursos, nada más bolseando a los mismos que el gobierno bolsea desde que se amplió la carretera.
Claudia Pavlovich: que se roten la piola
Al mismo tiempo el presidente evitaría que nuestras tribus se pasen al lado de la delincuencia, se vuelvan narcos, rateros o huachicoleros porque de puro milagro no lo han hecho. ¿Cuántos sexenios tienen de abandono por parte de los gobiernos? ¡Toda su vida! Si creemos la justificación que da AMLO sobre las causas del robo de combustible, aquí deberíamos darle gracias a Dios de que nuestros indígenas no se han levantado en armas y en hordas de salvajes no han saqueado los municipios cercanos a donde viven, porque hambre y valor de seguro les sobrarían.
Eso sí, los que controlen la piola y el tránsito carretero tendrán que presentar su certificado de que los parieron en alguno de los pueblos originarios o de no ser así, mínimo exhibir una credencial de la SAPO que les permita exprimir legalmente a los automovilistas.
Mientras le escribo escucho el mensaje que don Andrés dio en su gira por Sinaloa el pasado sábado, donde dijo lo siguiente.
"Vamos a ayudar a la gente pobre, humilde, a los más pequeños, a los más vulnerables, para que todos estemos tranquilos con nosotros mismos, para que tengamos tranquilas nuestras conciencias, para que podamos ir a los templos, a la iglesia, pensando que no estamos violando los mandamientos, estamos siendo buenos cristianos", expuso.
¿Votamos por un Presidente fuerte, o por un predicador? Porque de ser lo segundo, López Obrador  ¡va que vuela para Papa!
Le agradezco su atención, Víctor, y ojalá más adelante se hiciera lo de la SAPO para ir a sacar mi credencial, porque de ver dan ganas de entrarle al reparto.
José Martín Figueroa L.
Lo dejo a su consideración, amable lector...

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