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CARRUSEL: Al perdón para los pillos sólo le falta anuncio oficial

Guillermo Padrés: ni un peso perdido
Al perdón para los pillos
sólo le falta anuncio oficial
A la luz de los recientes acontecimientos y ya con Guillermo Padrés libre, bien podemos pensar que el cacareado perdón para los pillos de este país es un hecho, aun cuando el gobierno tarde en anunciarlo oficialmente.
Una serie de hechos viene a apuntalar la versión, empezando porque el propio presidente Andrés Manuel López Obrador denuncia casi a diario criminales saqueos, unos tan burdos como “exprimir” a Pemex a manguerazos y otros tan sofisticados como el lavado de dinero, pero sin nombres ni culpables.
Para desesperación y decepción de quienes lo veían como un justiciero, como el hombre capaz de aplicar la ley a rajatabla sobre tanto abuso que él mismo denunció a lo largo de tres campañas, el señor Presidente sigue apegándose a un discurso cuasi religioso de exhibir el pecado pero no al pecador, aferrado a que aplicará “punto final” a tanta corrupción mientras los ladrones, los de tropa y los de cuello blanco, seguramente ríen a carcajadas y siguen contando pacas de billetes.
Lo curioso es su manejo discrecional de la ley, que según se ve aplicará dónde y cuándo él quiera. Pero sólo él y con poderes plenos, lo mismo para perdonar que para condenar, sin necesidad de acudir a tribunales.
Lo primero lo hemos visto sobradamente en el caso de Pemex y su cruzada contra los huachicoleros a los que perdonó de antemano justificándolos por ser pobres y desamparados por el gobierno, mientras se le iba al cuello a expresidentes como Felipe Caderón y Vicente Fox, exponiéndolos a un linchamiento de plaza pública pero sin fincarles proceso alguno.
Lo curioso es que a Enrique Peña Nieto no lo toca ni con el pétalo de una crítica. A lo más que ha llegado -que muchos interpretan como parte de un acuerdo de impunidad a trasmano-, es a ligar a un general de su sexenio como cómplice del saqueo de combustibles. Pero hasta ahí.
La otra cara de la moneda en ese manejo discrecional de la ley y la justicia la dio él mismo en el caso de los ex accionistas del grupo Modelo, que planeaban escamotearle al fisco una millonada espantosa en impuestos. Entonces, y con la mano en la cintura, López Obrador admitió que metió mano ante la Suprema Corte de Justicia para frenar el programado abuso contra Hacienda.
No hubo tal independencia ni tal respeto entre poderes: el Presidente tronó el puño sobre la mesa y los presuntos atracadores se quedaron con la mano estirada, sí, pero también a salvo de por lo menos una “quemada” pública, porque a la par de arrebatarles el dineral, López Obrador les extendió también el manto de la impunidad. Otra vez: se dice el pecado, pero no el pecador.
Y como parece que esa política será el sello sexenal, por lo pronto ya permeó en contra de los sonorenses, pues con la liberación del ex gobernador Padrés, nada más falta anunciar públicamente que aquí no se perdió un solo peso ni se ejecutó una sola transa en su sexenio.
Un solo caso sirve para visualizar el estruendoso fracaso del castigo a la corrupción tantas veces denunciada desde la campaña de la gobernadora Claudia Pavlovich: el del Isssteson, que sigue en terapia intensiva mientras unos y otros se tiran la bolita y el hombre a quien su gobierno ubicó como el supuesto jefe de la banda depredadora ya está libre.
En los recurrentes bandazos sobre la forma de rescatar al quebrado instituto destacan los dos más recientes: el anuncio de que el gobierno pondría a la venta los estadios de béisbol de Hermosillo y Ciudad Obregón y que la mandataria gestionará ante Hacienda federal un “empujoncito” de dos mil millones de pesos.
Curiosamente, el segundo recurso no habría surgido sin el primero, porque cuentan los enterados que a López Orador no le gustó ni tantito que se hablara de vender los estadios de su deporte favorito, aunque ahí estén tirados como elefantes blancos.
Quizá por eso la Gobernadora se sacó de la manga la idea de plantear ante el secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, la situación financiera del Instituto para ver si la federación mete el hombro con el faltante de dos mil millones de pesos de la administración estatal anterior.
"Estoy buscando al Secretario de Hacienda para hacerle varios planteamientos, el primero es ese, que bien podría ser muy buena ayuda, sobre todo para sacar del estado financiero en el que nos encontramos por los dos mil millones que desaparecieron del Isssteson, yo no debo ni un peso", indicó.
Con perdón de la señora, pero su propio gobierno se encargó de propagar que esos dos mil millones de pesos se los robaron –en la forma que usted guste y mande- no “desaparecieron”, como dice ahora.
Si ese dineral desapareció, entonces estaríamos hablando de magos, no de criminales como los que infructuosamente han venido persiguiendo tanto la Contraloría como la Vicefiscalía Anticorrupción a cargo de Odracir Espinoza.
A mitad del sexenio y fuera de toneladas de papel en expedientes y rollos y rollos en declaraciones, ni una ni otra han sido capaces de regresar al erario los fondos que presuntamente se llevaron los saqueadores, ni mucho menos echar mano de éstos. Para ellos las leyes son redes convenientemente agujeradas, y conocen todos sus agujeros.
La ex directora general del Isssteson, Teresa de Jesús Lizárraga Figueroa, ya fue incluso diputada Federal y ni de rozón le llegó un citatorio de parte de don Odracir, que a últimas fechas y a destiempo se queja de que incluso hay autoridades que se han mostrado omisas a la hora de aportar información sobre el caso para esclarecerlo y sancionar culpables, y de que -lo acaba de declarar en el diario Expreso-, “los fiscales anticorrupción se ven limitados por la falta de recursos, de autonomía y en muchas ocasiones, de facultades para investigar”.
Bonita hora para descubrir y denunciar que desde su creación la entonces Fiscalía venía “molacha”, algo que se encargó de remacharles desde su juicio el propio Padrés, que a través de un palo emitido por un juez federal la desnudó como inconstitucional.
Eso sí, don Odracir afirma que la Vicefiscalía Anticorrupción mantiene abiertas siete investigaciones por la falta de aportaciones y desaparición de recursos del fondo de pensiones del Isssteson, que tienen que revisar ¡80 mil pólizas! contables del Instituto para el rastreo de los recursos y que en esto llevan un avance… del 40 por ciento.
No, pues ahí lo van a hallar. Sexenio le hará falta para desahogar su chamba.
Si se suponía que Padrés era el peligrosísimo jefe de la banda y ya anda suelto, ¿Qué se puede esperar de los demás?
Le digo, amable lector, que el perdón para los pillos es un hecho y sólo falta hacerlo oficial.
(Perdón por lo de pillos: en Sonora fueron magos, que nada más en el Isssteson “desaparecieron” 2 mil millones de pesos. ¡Para los récords de Guinnes!)

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