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CARRUSEL: El nuevo modelo de justicia: pagarán justos por pecadores

López Obrador: es infalible
El nuevo modelo de justicia:
pagarán justos por pecadores
Está visto que para el presidente López Obrador no hay medias tintas. Es blanco o es negro, bueno o malo, y obviamente, las certificaciones, para bien o para mal, las expide él y nadie más que él, que lo mismo santifica que crucifica a cualquiera sin necesidad de juicio previo.
Y si antes como eterno candidato lo hacía a grito pelado y a mano alzada en las plazas públicas, ahora con más razón lo hace en esa especie de púlpito desde el cual predica en “las mañaneras”, donde igual beatifica a quienes le conviene, que excomulga a quienes se le atraviesen.
Por confesión propia sobre su forma de ser –terco y aferrado, como si fuera dueño de la verdad absoluta- envía el mensaje a los mexicanos de que más les vale ir acostumbrándose a ese sui géneris estilo de gobernar, que no pocos están censurando por apegarse más a la improvisación, al capricho y a la necedad, que al análisis mesurado y razonado de las cosas.
A reserva de los que seguramente seguirán acumulándose - porque alguien que es infalible no cambia-, dos de los casos más recientes ilustran la forma en que volvió por sus fueros el presidencialismo omnímodo y prepotente, ahora bajo el maquillaje de una cuarta transformación.
Uno de ellos es el recorte de apoyo federal para las guarderías infantiles, que en un efecto colateral ya pegó su ramalazo en Sonora, para acabarla de amolar afectando a los más atrasados cuya bandera enarbola el Presidente, con el cierre de 6 comedores comunitarios de Huatabampo por el mismo motivo.
En cuestión de minutos, López Obrador juzgó y sentenció la suspensión del subsidio a las estancias infantiles, primero porque según él funcionaban mal y segundo, para eliminar intermediarios, de tal manera que según anunció, esa ayuda les llegará directamente a los padres de los niños. Vaya usted a saber cuándo y cómo, pero por lo pronto, antes de definirlo y programarlo, el dedazo presidencial metió en un brete no sólo a quienes operaban las guarderías, sino a madres y padres trabajadores que mientras se arregla el desgarriate no tendrán dónde dejar a sus niños.
Como en tantas otras causas, verbigracia el ataque a los huachicoleros, el Presidente escudó su decisión en su apostolado de hacer las cosas como se debe y enderezar de raíz lo torcido, aunque el primer impacto de sus remedios sea empeorar al enfermo.
“Van a pagar justos por pecadores, el 30%, o sea, el 70% tenía irregularidades de las estancias infantiles; el 70 estaba mal y tenemos el informe de la administración anterior”, quiso justificar López Obrador.
O sea, ¡al diablo! ese 30 por ciento que sí hacía bien las cosas. Ni modo: para que se aprendan el nuevo sistema justiciero implantado por el Presidente. Aquí pagarán parejo justos y pecadores, faltaba más. ¿Por qué no meter al aro, sancionar y hasta clausurar a ese 30% que no cumplía con la normatividad? Si como dice López Obrador muchas estancias cobraban por un padrón de niños inflado, ¿no implica eso un delito que el gobierno debió castigar?
Obviamente los efectos y las protestas no se hicieron esperar, aunque el hombre difícilmente meterá reversa. Los dejará chiflando en la loma, estigmatizándolos como “Fifís”, como sistemáticamente lo hace con cualquiera que lo contradiga y no pasará de ahí, porque para eso asumió los papeles de ministerio público, testigo, jurado y juez.
En Sonora comenzaron a sentirse los efectos, pues a la fecha y por falta de solvencia económica según se informó este viernes, ya cerraron en Sonora 35 estancias infantiles que eran manejadas a través de la desaparecida Sedesol.
Seguramente, dirá López Obrador, esas instancias estaban mal. Con la mano en la cintura mandó al diablo a David Colmenares Páramo, Auditor Mayor de la Federación, cuando éste dijo que las observaciones hechas a las guarderías “no justificaban en modo alguno suspender el apoyo a sus derechohabientes”.
En comparecencia ante diputados, lanzó una verdad de a kilo: “Si detectamos una falla en Pemex, ¿entonces hay que parar la producción de petróleo? Es absurdo”.
Pues sí: tan absurdo como castigar por igual a inocentes y culpables.
¿Primero los pobres?
De refilón, sin anuncio ni justificación previa, el tijerazo a los recursos federales provocó acá en Huatabampo el cierre de 6 comedores comunitarios que venían proporcionando alimentos balanceados a 500 beneficiarios de las comunidades más atrasadas.
Carlos Balderrama Corral, director de Desarrollo Social de Huatabampo, dice que el caso es similar al de las guarderías, sólo que aquí el apoyo federal llegaba en mercancías. En el comedor de San Ignacio, Navojoa, pasó lo mismo desde enero.
Uno se pregunta cuál sería aquí la justificación para el cierre de los comedores. ¿Alguien se estaba robando los frijoles, el arroz o las papas? Y de ser así, como en  las guarderías, ¿por qué no sancionar a los culpables, en vez de cancelar un programa de indiscutible beneficio social para los más necesitados? Otra vez, los justos en el mismo saco que los pecadores.
Martín Preciado Bracamontes: dio la cara
El que salió a dar a cara es Martín Preciado Bracamontes, el Coordinador Regional de los Programas Integrales de Desarrollo, explicando que “sólo se busca regularlos porque no están funcionando bien”. Se trata, dice, de lograr el mejor aprovechamiento de los recursos, y aunque no hay fecha determinada para reabrirlos, pide paciencia y confianza.
Pedirle paciencia y confianza al más necesitado no le suena muy bien a quienes tienen sexenios con la mano extendida. A menos que como se anuncia en las guarderías, el supremo gobierno salga ahora con que para evitar intermediarios mejor les dará dinero en efectivo, aunque apenas les alcance para una maruchán y una soda.  
¿Pues no que primero los pobres?
La Guardia: sí… pero no
En cuanto a la Guardia Nacional, punta de lanza de su proyecto para pacificar al país, López Obrador luce como el niño berrinchudo que va con su papá a la tienda donde le dan a escoger entre 500 paletas de los más variados colores y sabores…pero él exige la única que no tiene el abarrotero en existencia.
La iniciativa recorrió un azaroso camino entre agarrones de los legisladores y organismos civiles por el temor a que en seguridad pública se recetara una militarización disfrazada, pero a jalones y estirones y entre las advertencias de López Obrador de que no aceptaría nada diferente a su propuesta original, hubo parto y la criatura recibió elogios hasta de los críticos más radicales.
Alfonso Durazo: el único que elogió
Lo toral es que la Guardia va, pero bajo el mando de un civil –no de un militar como pretendía el Presidente-, dependiente de Alfonso Durazo como titular de Seguridad Pública, acotada por un periodo de 5 años y con los elementos castrenses sujetos al fuero civil.
El propio Durazo  fue el único miembro del gabinete de seguridad que ipso facto reaccionó en redes elogiando la aprobación de la Guardia. Los demás hicieron mutis, esperando quizá la señal divina, por aquello de no te entumas.  
El jueves, los senadores –con Morena a la cabeza- se pavonearon de un triunfo histórico por su unanimidad, intercambiaron abrazos y elogios y cosecharon aplausos… peeeeero, el viernes apareció el señor en el púlpito y le bajó tres rayitas al jolgorio.
Como por no dejar y por encimita, elogió la labor y el acuerdo histórico de los legisladores… pero salió como el niño de la paleta:
“La facultad para nombrar al Jefe de la Guardia Nacional recae en el titular del poder ejecutivo y puede ser un civil o un militar retirado o en activo. Tengo la facultad para decidir sobre lo que mejor convenga, voy a hacer una buena selección”, dijo, en una explicación que seguramente cayó como baldazo de agua fría entre sus propios operadores en el Congreso. ¿Pues no que de seguro la encabezaría un civil?
Dicho lisa y llanamente: ustedes dirán misa, pero aquí mando yo.
Los legisladores no se pueden llamar engañados. Cuando estaban en plena discusión, López Obrador les había advertido: “no me voy a dejar…”
Definitivamente: son las ventajas de ser infalible…pero muy mala seña sobre un presidencialismo al viejo estilo que tanto se criticó: absolutista, sin frenos ni contrapesos.
(Quién sabe cómo le habrá ido a Alfonso Durazo, por adelantarse al jefe con el aplauso)

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