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CARRUSEL: Serénense: la elección de los comisarios no es el Apocalipsis

El Cabildo: es cuestión de corresponsabilidad
Serénense: la elección de los
comisarios no es el Apocalipsis
Si hay algo en este país que genere pasiones, suspicacias y acusaciones mutuas que terminan por enconar y dividir a pueblos enteros, son las elecciones. Como para no dejar sentido a nadie, aquí se denuncia el fraude antes, durante y después.
Buena parte de esa culpa -por su largo monopolio del poder-, la tuvo el PRI, que con su reconocido manual de mañas nos llevó a desconfiar desde una elección presidencial hasta la de un kínder para escoger a la reina del Día del Niño.
Sin embargo, con la apertura y las alternancias que se vio obligado a ceder, descubrimos luego que el mal había resultado contagioso, y entonces vimos que quienes lo acusaban de trinquetero se habían convertido también en el monstruo que tanto criticaron. Resultaron malas copias, pues, pero con operadores igual de eficaces para el fraude y las imposiciones, perpetrados no pocas veces a costillas de sus propios militantes.
La democracia a la mexicana se pulió entonces como una especie de cena de caníbales, en la cual no pocas veces los primeros sacrificados son los de la propia tribu.
No es necesario ir muy lejos para ver los ejemplos más recientes. Al hoy presidente Andrés Manuel López Obrador se le acusó de irse a los extremos, pues  en aras de una supuesta transparencia, el hombre implantó en muchas partes de México el sui géneris sistema de escoger candidatos ¡mediante una tómbola!, que seguramente impactó a las naciones más desarrolladas y con más “pedigrí” en eso de ejercer la democracia. No importó: al señor le valieron gorro las críticas y los choteos y hoy tenemos a algunos gobernantes que ganaron gracias al “tombolazo”.
Pero luego voltea uno a los demás partidos y se percata de que ellos ni tómbola necesitan para calificar y/o descalificar y finalmente imponer como candidatos o dirigentes a quienes mejor responden a los intereses de los “chipocludos”, de los que adentro tienen el sartén por el mango.
Lo acabamos de ver con la llegada del “Pato” de Lucas al PRI estatal por vil dedazo desde el palacio de gobierno y “del que no manda”, como dijo Eduardo Bours- -porque ni modo de decir que lo eligieron “las bases” en un arrebato de apasionada devoción por su liderazgo- o en el PAN, donde Ernesto Munro Palacios asumió el mando estatal en medio de un proceso impugnado por el mugrero de irregularidades que se dio. Y ahí están ambos tan frescos y alechugados, tan campantes, como si realmente los hubieran elegido limpiamente sus militantes.
En ese contexto, no es de extrañar ni es una señal del Apocalipsis que la elección de comisarios en Navojoa se contagie de esa negativa e histórica carga de acusaciones y sospechosismo. Cierto que ahora le toca el proceso a una administración emanada de Morena, pero de esos tumbos tampoco se libraron en su momento quienes antecedieron en el cargo a la maestra Rosario Quintero, así fueran del PRI o del PAN.
Con jaloneos, acusaciones y el muy natural derecho al pataleo, todos terminaron apaciguando las aguas, especialmente cuando echaron mano de una regla insustituible en estas cuestiones: la política es el arte del diálogo y la negociación.
No hay –o no debe haber- conflicto irresoluble cuando se supone que todos los involucrados actúan de buena fe buscando resolverlo: es cuestión de buscar las coincidencias y el rumbo más adecuado y conveniente, en este caso, no para los bandos, sean ayuntamiento o partidos, sino para las comunidades. Al final de cuentas, sus habitantes serán los beneficiados o terminarán pagando los platos rotos si los que deciden exhiben inmadurez e incapacidad para ponerse de acuerdo, y eso de ninguna manera sería justo.
Este jueves, la alcaldesa presentó ante Cabildo su propuesta para la elección de los comisarios y como es entendible, defendió el mecanismo como el más idóneo. Por su parte, los regidores terminaron por decidir que no pasaba el cedazo, y ahora la revisión del procedimiento quedó en manos la Comisión de Gobernación y Reglamentación.
¿Era perfecta la propuesta de la alcaldesa? Por supuesto que no. Nada es perfecto, pero sí perfectible, sobre todo si se toma en cuenta que aquí la decisión – y también la corresponsabilidad- pasa por un cuerpo colegiado como es el Cabildo, donde convergen diversas siglas, representaciones…e intereses políticos.
Fuera de banderas e intereses partidistas, hay tres puntos por demás novedosos e irreprochables en el proceso sugerido por la Presidencia:
El uso de urnas electrónicas, la participación y aval del Instituto Nacional Electoral (INE) y la supervisión de la Universidad de Sonora.
Si como garantes de transparencia y credibilidad aparecen instituciones serias y de prestigio como el mismísimo INE y la Unison, quizá el único punto que causa escozor a sus detractores es el uso de las urnas electrónicas, pero alentar esa desconfianza hacia métodos adelantados que pronto estarán en práctica a nivel nacional, no parece muy atinado ni muy maduro.
Es como condenar por decreto a la gente al eterno atraso que ya de por sí sufren en sus comunidades. Sería tan ridículo como inculcarles que deben temer al Internet, a aplastar un botón o a una tecla de computadora, so pena de que se les aparezca el diablo.
Alegar que la gente no tiene la suficiente capacidad intelectual para incurrir en esa nueva modalidad es repartir a destajo etiquetas de ignorantes y tontos, que de ninguna manera merecen los habitantes de las comunidades.
¡Por favor! Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre.
Si dos instituciones profesionales y apartidistas como el INE y la Unison aceptaron ya intervenir como vigilantes, ¿a qué se le teme entonces? En todo caso, si la desconfianza es tan extrema, nadie ha vetado que cada aspirante tenga sus representantes durante la votación y el cómputo de votos. ¿Se alegará también que la gente no sabe contar? ¿Se sugerirá dotarla de ábacos, como la tecnología más avanzada que dominan?
Como aquí se trata de ser corresponsables, ya con la pelota en la cancha de los señores regidores es de esperarse que así como la frenaron -supongo que como insatisfactoria-, ahora mejoren sustancialmente la propuesta de la alcaldesa, para someterla de nuevo ante el pleno del Cabildo.
Ojalá a la hora de las propuestas, el análisis, las correcciones y aprobaciones, impere el interés por beneficiar a la gente de las comisarías, no el de que cada regidor jale agua para el molino de sus siglas partidistas o por el mero afán de meter zancadillas a los contrarios.
A final de cuentas lo que esa gente espera son trabajo y soluciones, no gritos y sombrerazos que a nada conducen, como no sea al momentáneo lucimiento personal o a linchamientos, en los que terminan por llevarse entre las extremidades inferiores a quienes de buena fe ofrecen aportar su experiencia y su prestigio, en este caso el INE y la Unison, para que sin deberla ni temerla acaben metiéndolos en el fuego cruzado de zafarranchos partidistas.
Más seriedad de uno y otro bando, señores. Más seriedad

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